Edgardo Cortés Mondaca
Investigador de entomología en el INIFAP-CEVAF

La mayoría de los plaguicidas químicos, clasificados por su uso como insecticidas, fungicidas, herbicidas, acaricidas, etc, son en menor o mayor grado sustancias tóxicas para los humanos. El efecto tóxico que presentan se divide en dos tipos: toxicidad aguda y toxicidad crónica.

El efecto tóxico agudo es el que se manifiesta a corto plazo provocando síntomas de envenenamiento e incluso la muerte. Los plaguicidas comerciales en su etiqueta muestran información acerca de su categoría toxicológica, estas son: I Extremadamente tóxico, con etiqueta color rojo, II Altamente tóxico, color de etiqueta amarillo, III Moderadamente tóxico, con etiqueta color azul y IV

Ligeramente tóxico, con un color de etiqueta verde. Para problemas de intoxicación aguda por plaguicidas se recomienda conseguir asistencia médica inmediatamente y comunicarse al teléfono de emergencias 01-800- 009-2800, sin costo y con atención las 24 hr. Esta información se presenta en la etiqueta de todos los plaguicidas autorizados para su comercialización.

El efecto tóxico crónico, no se manifiesta de manera inmediata, sino a largo plazo, semanas, meses o años después del contacto repetido a pequeñas cantidades con los plaguicidas, con excepción de los disruptores hormonales que con exposiciones únicas en el desarrollo fetal puede causar daños a largo plazo. Los principales daños crónicos causados por los plaguicidas son afectación del sistema nervioso, cáncer, alteraciones hormonales, afectación del sistema inmunológico y daños reproductivos.

“Los plaguicidas altamente peligrosos” se definen como los que presentan una o más de las siguientes características: 1. Toxicidad aguda alta. 2. Toxicidad crónica. 3. Los incluidos en convenios ambientales internacionales y 4. Los ingredientes activos o formulaciones de plaguicidas que muestran una alta incidencia de efectos adversos o irreversibles o severos en la salud o el ambiente.

La FAO y la OMS han propuesto un conjunto de indicadores de peligrosidad más amplios: 1. Toxicidad mortal por inhalación. 2. Alteración hormonal (perturbación endocrina). 3. Toxicidad alta para las abejas. 4. Muy persistentes en agua, suelo y sedimentos. 5. Muy tóxico para los organismos acúaticos. 6. Muy bioacumulables.

Las abejas se encuentran actualmente amenazadas por el uso de insecticidas.

En México existen 183 ingredientes activos de plaguicidas altamente peligrosos con autorización del Catálogo Oficial de Plaguicidas de la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS, 2016), autorizados en más de 3000 presentaciones comerciales entre insecticidas, herbicidas, fungicidas, fumigantes, etc, principalmente para uso agrícola a pesar de que 140 de esos plaguicidas están prohibidos o no autorizados en otros países.

En el estado de Sinaloa de noviembre de 2011 a octubre de 2012 se identificaron 263 plaguicidas comerciales utilizados, correspondientes al registro de 40,486 envases recolectados en el programa “Campo Limpio”, dicha cantidad de envases representa 246 t de plaguicidas aplicados en el tiempo mencionado (Leyva et al., 2014). Sinaloa es uno de los mayores consumidores de plaguicidas en todo el país, conllevando con ello a la exposición cotidiana con esos agroquímicos, de las personas que habitan y trabajan en los campos agrícolas. Por otra parte, aunque en Sinaloa existen estudios para determinar el efecto de los plaguicidas en la salud humana, estos no son concluyentes, debido en parte a que muchos de los casos de intoxicación no se reportan o pasaron desapercibidas quizá, por otra parte, los efectos en el sistema endocrino a veces son difíciles de asociar con los plaguicidas. Sin embargo, algunos de los datos corroborados son muy significativos, por ejemplo: en Sinaloa cada año se presentan 80 casos nuevos de cáncer infantil y se cree que se debe a la contaminación originada por la actividad agrícola. Algunos de los plaguicidas altamente peligrosos utilizados en el estado son Clorpirifos, Dimetoato, Malatión, Metomilo, Oxamil, Betaciflutrin, Bifentrina, L. Cyalotrina, Cipermetrina, Permetrina, Zeta cipermetrina, Acetamiprid, Clotianidim, Imidacloprid, Tiametoxam, Ciromazina, Abamectina, Novaluron, Sulfoxaflor, Glifosato, Nicosulfuron, Benomil, Mancozeb, Tiram, Azoxystrobin, boscalid, Tiabendazol, por mencionar algunos.

Los insecticidas de los grupos fosforados y carbamatos afectan al sistema nervioso de manera inmediata, pero también pueden provocar efectos retardados, como debilidad, movimiento tembloroso y paso inseguro, parálisis de las extremidades y pérdida de reflejos. Pérdida de la memoria y falta de concentración, debilidad muscular, etc. Los plaguicidas son especialmente peligrosos para el desarrollo neurológico de los niños durante su desarrollo en el embarazo, debido a que son capaces de traspasar la membrana del cerebro del feto que se está formando.

Los cánceres relacionados con la exposición a plaguicidas incluyen enfermedades que se producen a partir de las células formadoras de la sangre (leucemias y linfomas), cáncer en la medula ósea, linfoma no-Hodgkin, entre otros; tumores malignos en el sistema nervioso central (cáncer de la piel, tumores cerebrales, cáncer gastrointestinal, en testículos, en próstata, de mama, en la tiroides); y tumores malignos en niños, incluyendo tumores cerebrales y leucemia infantil, entre otros. Los plaguicidas pueden afectar a los cromosomas en la división celular, lo que puede derivar en cáncer años más tarde.

También pueden causar problemas reproductivos como: la muerte del feto, malformaciones (labio y paladar hendido, defectos del pene, malformaciones cardiovasculares, espina bifida, hidrocefalia, otros), abortos espontáneos, bajo peso de los bebés al nacer, retardo en el crecimiento del feto, alteraciones en los cromosomas, reducción del tiempo de lactancia y la contaminación de la leche materna.

Alrededor de 50 plaguicidas, entre ellos el malatión, el endosulfán, el lindano, la atrazina, el 2-4-D, entre otros, están asociados con la disminución en la producción de espermatozoides. Además los plaguicidas causan infertilidad. Por otro lado, existen evidencias de efectos asociados con alteraciones hormonales por plaguicidas (disruptores hormonales o endócrinos), los cuales han provocado disminución del tamaño del pene en lagartos, feminización de la conducta sexual de machos y mascunilización de hembras, afectación del sistema inmunológico, disminución de la función cognitiva en niños, etc.

Ciertos plaguicidas deprimen directamente el sistema inmunológico; se ha encontrado evidencia de una mayor incidencia de infecciones respiratorias (faringitis, bronquitis, reacciones alérgicas y asma), digestivas e inflamaciones renales agudas en la población expuesta a dichos agroquímicos.

Toda la población en menor o mayor grado, directa o indirectamente estamos expuestos a los plaguicidas y sus efectos. Pero por la naturaleza propia de cada individuo la reacción a ellos es diferente; de manera natural, la susceptibilidad para adquirir la enfermedad provocada por la intoxicación crónica (e incluso aguda) y el tiempo en que se desarrollan los efectos nocivos presentan cierta variabilidad. Por otra parte, algunos plaguicidas que por su toxicidad aguda se ubican en el grupo IV (etiqueta verde; ligeramente tóxico) pueden tener efectos tóxicos crónicos graves, por lo tanto no hay plaguicida inocuo para la salud humana.

Que podemos hacer para reducir el efecto nocivo de los plaguicidas en los humanos?: a) Evitar el uso de plaguicidas químicos y exigir que se apoyen, y promuevan formas no químicas de control de plagas, mediante métodos de control agroecológicos. Algunos autores como Bejarano (2017) plantea que ya no se trata de cómo manejar adecuadamente los plaguicidas sino de cómo realizar un manejo de plagas, plantas no deseadas y enfermedades que prevenga el uso de insecticidas de sintésis y otras sustancias tóxicas que afectan la salud y el ambiente? La respuesta podría estar en la práctica de una agricultura, ganadería y la actividad silvícola, basada en un enfoque eco-sistémico integral que incluya como pilar principal la práctica de la biodiversidad funcional. b) Tener acceso a alimentos libres de plaguicidas químicos. c) Los trabajadores agrícolas y otros expuestos a la contaminación con plaguicidas, deben exigir información sobre el riesgo que conlleva la exposición a los mismos; exigir equipo de protección, instalaciones y material de limpieza, suficiente y útil. d) Establecer de manera obligatoria que los plaguicidas incluyan en su etiqueta la información sobre riesgo de posibles efectos crónicos, como se requiere en la Unión Europea. e) Establecer un monitoreo de plaguicidas en alimentos nacionales e importados, especialmente con aquellos de efecto crónico irreversible. f) Exigir el cambio de política neoliberal en materia de plaguicidas por una política preventiva que vaya eliminando los plaguicidas especialmente peligrosos. g) Reproducir y hacer llegar todo tipo de información que ayude a concientizar a la población en general, el riesgo que representan los plaguicidas químicos para la salud humana, además de los diversos efectos nocivos al medio ambiente.

 

El presente manuscrito está basado en la obra de Bejarano, G. F. 2004. Daños crónicos a la salud provocados por los plaguicidas. RAPAM, A.C. Edit. Futura, S.A. Texcoco, Edo. de México. 26 p. y Bejarano, G. F. 2017. Los Plaguicidas Altamente Peligrosos en México. Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternnativas en México, A. C. Texcoco, Estado de México. 351 p.

Para mayor información comuníquese al tel. (55) 38718700 a la extensión 81507 o a la dirección electrónica: cortez.edgardo@inifap.gob.mx. O bien asista al INIFAP-CEVAF, en Juan José Ríos, Sinaloa.

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