El manejo de las socas de maíz llega a convertirse en un problema para el agricultor, quien después de la cosecha está en la disyuntiva de a) Incorporar los residuos de cosecha mediante labores culturales, b) Recuperar la paja y empacarla para su venta al sector pecuario, c) Quemar la paja para limpiar su predio, provocado con ello serios daños a su tierra y perdiendo el nitrógeno que está en la paja y que se podría incorporar paulatinamente.

Esta última práctica ya ha sido penalizada. En Ahome, los regidores aprobaron una multa de 41 Salarios Mínimos Generales (2 mil 800 pesos) como mínima y una máxima de hasta 160 Salarios Mínimos Generales (11 mil pesos) al propietario del predio, rentador o quien usufructe la parcela incendiada así como a las personas que sean sorprendidos durante la quemazón de la soca.

De las tres opciones, la más ventajosa en el mediano y largo plazo es la incorporación de las socas, puesto que con ello no solo se aporta materia orgánica al suelo sino que se aprovecha el nitrógeno presente en la paja, lo que a la larga permitirá bajar las dosis de fertilización nitrogenada que requerirán las futuras siembras.

Aunque menos recomendable, la recuperación de las pajas para empacarlas y venderlas al sector ganadero ayuda a facilitar el manejo del terreno después de la cosecha.

Una hectárea de soca de maíz puede aportar alrededor de 110 a 120 pacas que a un precio comercial de 25 pesos, representan para el agricultor un ingreso de entre $ 2,750, menos el costo del empacado.

Sin embargo, incorporar la soca, a la larga trae mayores beneficios.

Para tener una idea de qué pasa en el suelo cuando se quema el residuo de una cosecha es preciso conocer los valores de Indice de Cosecha, Biomasa y Rendimiento, valores que resultan al medir en kilogramos lo que se obtiene a la hora de la cosecha, sumando el peso del grano obtenido y de la materia seca, esquilmos o soca.

Un estudio realizado por el INIPAF dio como resultado que en Sinaloa el índice de cosecha es de 0.45 con 26.24 toneladas de biomasa por hectárea, en una cosecha de 11.76 tonelada de grano y 14.48 de rastrojo.

Al medir el contenido de fertilizante en grano y rastrojo de maíz, se encontró que en grano hubo una concentración de 1.32% de nitrógeno, mientras que en el rastrojo el contenido total fue de 0.54% lo que equivale a una extracción total de 155 kilogramos de nitrógeno a través del grano y 78 kilogramos en el rastrojo.

La suma de 233 kilogramos de nitrógeno presente en grano y rastrojo a la cosecha, refleja el hecho de que el índice de aprovechamiento es inferior al aplicado en sus diferentes presentaciones químicas; es decir, hay una pérdida considerable entre el volumen total disponible en el suelo, el que se aplica durante la temporada, y el que finalmente se obtiene sumando el que contiene el grano y el contenido en las pajas.

Finalmente el agricultor recibe un ingreso por el grano que cosecha, pero al quemar las pajas está quemando el equivalente mínimo de 78 kilogramos de nitrógeno por hectárea; es decir, 169 kilogramos de urea.

Si tan solo se considera que una tonelada de urea tiene un valor comercial de 10,290 pesos y que contiene el 46% de nitrógeno, quemar la paja de una hectárea significa quemar el equivalente a $ 1,745, al precio de 4.22 pesos por kilo de nitrógeno.

Si este valor se traslada a kilogramos de cosecha, aplicando un precio de $ 3,800 por tonelada de maíz, la quema de la soca equivaldría a incinerar 459 kilogramos de maíz por hectárea, acción que por supuesto en estado consciente, ningún productor agrícola lo haría.

Pero además de Nitrógeno, tanto el grano como las pajas también contienen cantidades significativas de otros elementos de la fertilización como fósforo y potasio, lo que eleva la cantidad de pérdida por el efecto de la quema de las socas.

Por ello, la próxima vez que usted esté en el dilema de incorporar, empacar o quemar su soca, haga cuentas y comprobará que es más rentable incorporar, dándole de paso con ello un valor agregado a su tierra, y lo más importante, evita la contaminación del medio ambiente que ya nos está cobrando la factura con lo errático del clima y sus efectos directos en la agricultura.

Las quemas de socas, problema de cultura.

Para el M. C. Jaime Macías Cervantes, investigador de sistemas de producción y jefe del Campo Experimental Valle del Fuerte, la quema de socas es ya un problema de educación y cultura que se ha traducido en una paulatina pérdida de fertilidad natural de los suelos, compactación, disminución de la materia orgánica y niveles variables de salinización.

Es una práctica que debe erradicarse porque hace depender más a la agricultura comercial del uso intensivo de los fertilizantes que a la postre encarece los costos de producción y baja rentabilidad a la producción agrícola.

Explica que las pajas de cosecha no se deben ver como un problema sino como un aliado, siempre y cuando se sepan manejar, para volver a incrementar los niveles de materia orgánica y recuperar la fertilidad natural de los suelos de Sinaloa.

Una de las primeras acciones que debería considerar el productor es la adecuada trituración y dispersión de las pajas a la hora de la trilla, para evitar los chorizos que quedan después de la cosecha y que son los que mayor problema de manejo representan al realizar las labores de labranza posterior a la cosecha.

Macías Cervantes explica que el mayor impacto de la quema de la socas se da en la capa de los primeros 5 centímetros del suelo, donde se encuentra el reservorio nutrimental.

Las cenizas que quedan en el suelo después de quemada la paja provocan que por el viento se produzca una intercambio de calcio intercambiable en el suelo y a la vez favorece que otro tipo de sales solubles al suelo se incrementen y se tienen reportes de incrementos de hasta 2 mhos por centímetro en la concentración de la solución de los suelos regionales lo cual se refleja principalmente en el cultivo del maíz porque es un cultivo que tiene poca tolerancia a la salinidad ya que en un suelo con concentraciones salinas arriba de 2 mmhs ya se observan mermas importantes en el rendimiento.

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