LA TRILLA EFICAZ DEL MAÍZ. Cómo evitar que sus utilidades queden tiradas en el campo

El mayor reto del productor de maíz es obtener la máxima cantidad posible de toneladas por hectárea, por lo que su esfuerzo empieza desde la preparación del terreno, elección del mejor híbrido y manejo del cultivo a lo largo de más de medio año del ciclo de siembra a cosecha, pero uno de los aspectos que pocas veces se evalúa es la cantidad de grano que se queda tirado en el campo, por una trilla deficiente.

No hay estudios formales que indiquen a cuánto ascienden las pérdidas en cosecha, pero el estándar internacional reconoce hasta 285 kilogramos por hectárea cómo el nivel de pérdida aceptable, pero todo excedente debiera ser evitado.

Esto significa que en Sinaloa, con 480 mil hectáreas sembradas, se pierden al menos 136 mil 800 toneladas con valor de poco más de 567 millones de pesos, a precio de $ 4,150 por tonelada.

Para disminuir pérdidas durante la cosecha de maíz, el cultivo debe presentar uniformidad de diámetro de tallo y espiga, tener una caña sin daño de insectos y enfermedades, ausencia de vuelco y en lo posible, una uniforme maduración. Esto último afecta más a la calidad de la trilla, y por ende, a la calidad de grano entregado a la tolva de la cosechadora.

Todos estos factores, tienen que ver con la genética y el manejo del cultivo principalmente, pero es imprescindible disponer de una sembradora bien equipada y regulada ya que la misma condiciona la eficiente implantación (emergencia temporal y espacial uniforme).

Una vez maduro el cultivo y con la cosechadora en el lote, la tarea de lograr trabajar por debajo de las tolerancias de pérdidas es sencilla, si se cuenta con un buen cultivo, un buen cabezal y un excelente operario concientizado y capacitado para poner a punto del cultivo las regulaciones de altura del cabezal, posicionamiento de los puntones alzadores, velocidad del cabezal y su coordinación con la de avance de la cosechadora, apertura de las chapas cubre rolos (chapas espigadoras), etc.

También se debe adoptar la velocidad de trilla y apertura de cóncavo, de acuerdo al diámetro de espiga y al grado de susceptibilidad al daño mecánico (genética y humedad de grano); en una máquina convencional queda limpiar y acondicionar los sacapajas, regular la apertura del zarandón y zaranda, como también, la velocidad del viento a las condiciones del cultivo, rendimiento, humedad, cantidad de material no grano y peso específico del grano.

Por lo tanto se debe conocer y regular la cosechadora a cada situación particular del lote.

La labor de cosecha es quizás la más crítica porque no tenemos una segunda oportunidad para repetirla en el mismo lote si no sale bien y, porque es donde por falta de atención podemos llegar a perder hasta el 20% o más de la rentabilidad del cultivo.

Los días previos a la cosecha el productor renueva el contacto con los contratistas para analizar quien tomará el compromiso de la cosecha y para qué fecha.

En la mayoría de los casos, el punto que adquiere mayor relevancia en la búsqueda del contratista para la cosecha es el precio de cosecha, olvidando otros puntos de mayor importancia que hacen al verdadero compromiso con la tarea asumida como son la fecha de ingreso al lote, el estado de mantenimiento del equipo, una cosecha eficiente con bajo nivel de pérdidas, tránsito controlado por el lote, etc. Cada uno de estos factores contribuye a una cosecha eficiente, es decir, que se recolecte la mayor cantidad de granos producidos por el cultivo con el menor deterioro del piso, en caso de lotes de Siembra Directa.

También para el contratista, aunque no le controlen la labor a través de las mediciones de pérdidas, la metodología de evaluación de pérdida debería ser una herramienta más de trabajo para saber y justificar en los casos que haga falta ese mayor nivel de pérdidas.

Las pérdidas de granos en la cosecha son responsabilidad de todos los actores intervinientes: productor, contratista y maquinista. Es fundamental que estos actores, formen un equipo de trabajo con el objetivo de disminuir las pérdidas de cosecha.

Cosecha de maíz de bajo rendimiento o que ha sufrido déficit hídrico.

El primer consejo para enfrentar esta situación es, siempre, realizar primero un análisis de la situación, averiguar si la maquina está perdiendo y está superando el margen de 285 a 320 kg/ha de pérdidas. Para eso se debe realizar un muestreo previo al trabajo de la máquina y en las primeras pasadas de la misma, para saber en caso de serlo, cuan grave es la situación.

Cultivos que estén afectados por la sequía y que por lo tanto tengan menor rendimiento por hectárea, no justifican de ninguna forma un aumento excesivo de la velocidad de avance de la maquina cosechadora, ya que esto solamente puede complicar más la situación y hacer que el promedio de pérdidas por hectáreas se aleje de la tolerancia.

Recuerde que la acción de separar la espiga de la planta, debe ser llevada a cabo por el cabezal aproximadamente a la mitad del recorrido desde que la planta es tomada por el cabezal hasta su parte posterior. Si el espigado se produce demasiado en la punta del cabezal o demasiado hacia atrás del mismo, eso significa que tenemos una descoordinación entre la velocidad de avance de la máquina y la velocidad de rotación de los rolos espigadores, lo que puede provocar caída de mazorcas o arrancado de plantas.

Preste atención a la regulación de la placa espigadora del cabezal, este elemento es el principal punto a tener en cuenta cuando se cosecha maíz. Si la sequía ha reducido el tamaño promedio de mazorcas del lote, es muy probable que éstas se filtren por la placa espigadora y tomen contacto con los rolos espigadores desgranándose. Para detectar esta pérdida en el terreno, camine la línea del surco cosechado y abra las chalas que se encuentran en el terreno, dentro de ellas se detecta el desgrane.

Revise siempre el estado general del cabezal maicero, cerciórese que las gomas retenedoras del cabezal estén en buen estado, ya que ellas evitan un gran porcentaje de mazorcas caídas al suelo.

Si la sequía debilitó el estado de la planta al momento de cosechar, evitar que el trabajo del cabezal arranque las plantas del suelo, ya que las mismas serán tragadas por la cosechadora y sobrecargarán a los sistemas de separación y limpieza de la máquina, lo cual aumentará las pérdidas por cola de la cosechadora. Recuerde siempre que el ideal sería que la cosechadora dejara en el campo, toda la planta de maíz, sin la mazorca y todavía anclada al suelo.

No descuide la calidad del grano que la máquina le va a estar entregando, controle constantemente la presencia de grano dañado. Vueltas por minuto del cilindro (o rotor) y la separación con el cóncavo, son las principales herramientas para reducir el daño mecánico. Mientras más entero y sin granos adheridos salga el marlo por la cola de la cosechadora, de mayor calidad es el trabajo del sistema de trilla.

Invierta tiempo en regular y poner a punto la maquina cosechadora.

Trabaje junto al contratista, quien es el profesional del manejo de la maquina cosechadora, para que no queden mazorcas completas ni granos de maíz en el surco.

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